El estéril e indigno País patriarcal de No Me Acuerdo

El estéril e indigno País patriarcal de No Me Acuerdo

Habitar No Me acuerdo para no olvidar todo lo que esta mal. Un país que se ubica lo más lejos posible del paraíso, con espacios inconclusos, inconexos, incoherentes, inentendibles y por supuesto insensatamente dignos de pertenecer a ésta bitácora compuesta por universos orgullosamente bizarros.

 

No Me Acuerdo es un país muy pequeño donde todos sus habitantes son extranjeros, las personas que lo habitan o lo habitaron, nacieron en otra geografía debido a que en No Me Acuerdo la atmósfera es estéril desde siempre. Aunque muchos de sus habitantes intentaron por todos los medios que germine algo o alguien, todos los intentos han sido en vano. Gente de mil rincones y planetas atraídos por esta paradoja, habitaron No Me Acuerdo con la intensión de revertir esta situación inentendible, donde nada nace y todo lo nacido que llega hasta allí muere o se convierte en moribundo, también por causas desconocidas.

En No Me Acuerdo, la superficie habitable es tan pequeña que tanto la temperatura, como el día o la noche puede controlarse, al igual que las conductas de todos sus habitantes, quienes saben que desde cualquier punto del país, se puede tener una visión certera de la ubicación de cada persona, animal, planta u objeto que viva allí. Todo es manipulable y adaptable a los caprichos sin fundamentos del gobierno de turno.

Fue fundado hace unos 15 años por un órgano de co-gobierno masculino, uno de los sectores es 50% heterosexual mientras que la otra mitad del país está a cargo del sector euro-fálico-hetero-miso-homo-patriarcal, al que sus habitantes llaman azarosamente “Alberto” a fin de sintetizar toda la ideología que compone a este sector.

El sector Albertino, fue quien tuvo la iniciativa de fundar el país y actualmente se ha apoltronado de tal manera en el sillón co-gubernamental que no demuestra ninguna intensión de poner manos a la obra para engrandecer a No Me Acuerdo. Hace algunos años, se ha renovado el sector heterosexual por un desacuerdo poco claro con el anterior representante y los más antiguos pobladores, dicen que desde ese momento, el sector Albertino se apoltronó más que nunca desalentando la productividades del nuevo sector heterosexual. Aunque en la constitución antidemocrática vigente, ambas partes tienen el mismo poder de acción y decisión, en la práctica eso no ocurre. Los científicos de No Me Acuerdo, últimamente se han puesto de acuerdo para investigar el fenómeno, en una primera hipótesis se supone que el sector heterosexual tiene serios problemas de visión producto de años de negación, por eso no es capaz de ver como las decisiones del sector Albertino, actúan en desmedro del país una y otra vez.

Por si alguien tiene la inquietud de residir en el País de No Me Acuerdo, me permito darle tres características de este país, que pueden ser de muchísima ayuda si se desea solicitar un visado para residir en el sitio que más lejos se encuentra del paraíso:

- La burocracia es cuatro veces mas que la habitual de los países democráticos.

- Las ideas de gobierno no tienen una sola versión (o una versión final) todo es múltiple e impreciso, por lo cual recomiendo tener buen tino para adivinar cuales son los caminos y las reglas que rigen en el momento en que se debe concretar alguna acción.

-Si sale a navegar, sepa que no hay puerto en donde amarrar.

Por si alguien se pregunta que pintaba yo en el País de No Me Acuerdo, mi labor allí era darle identidad a los perros del país. La concreción de un documento nacional de identidad o un chip identificatorio fueron las dos propuestas que presenté ante el cogobierno para llevar adelante el proyecto identificatorio. Al comenzar mi labor solo existía un perro nomeacuerdiense en todo el país, un ser un tanto destartalado e improvisado en sus formas de comunicarse, al que sus años felices ya lo habían abandonado y llevaba casi quince años sin documentación, lo cual le impedía realizar todo tipo de menesteres como viajar a otros países o tener cobertura sanitaria. El sector Albertino, como una suerte de profecía, le había dicho que su apellido provisorio sería “Roto” hasta el momento de poder presentarlo legalmente en sociedad. Y así, el pobre vagaba día y noche a la espera que alguien concrete su identidad provisoria, desde que lo conocí parecía que estaba a punto de morir. Incluso el sector heterosexual ya había asumido lo imposible de la cruzada y había decidido dejar al perro a su propia fortuna, pero el sector Albertino cada tanto alimentaba e ilusionaba al pobre Roto de su posible libertad e independencia. Así eran todas las cosas en este poco encantador lugar y a pesar de mis constantes esfuerzos, lamento tener que aceptar que hasta el día en que me sume al éxodo obligatorio de No Me Acuerdo, él seguía siendo el pobre perro con identidad provisoria e ilegal dentro de su propio país de nacimiento. Prescindía de la posibilidad de decidir por sí mismo su propio éxodo, él y todos los siguientes perros que crecieron gracias al enorme esfuerzo de algunas personas que intentaron escapar sin suerte a la tiranía del sector Albertino.

Los perros nuevos tenían proyecciones de futuro fuera de No Me Acuerdo, pero como nunca pudieron tramitar sus documentos identificatorios, allí siguen esperando que el cogobierno ejecute todo lo que hemos dejado listo para que puedan zarpar hacia su libertad. Claro que para ello será imprescindible también, la creación del buen puerto, o mal puerto, o cualquier tipo de puerto que al menos otorgue la posibilidad de intentarlo.

Esto ha sido solo una introducción a No Me Acuerdo, casi todos sus espacios y recovecos patriarcales siguen sin ser explorados.

Por si acaso se preguntan como logre salir de No Me Acuerdo si no existe puerto alguno, creo que eso fue posible porque nunca llegue a habitarlo y todo lo que acabo de relatar lo visualicé desde la otra orilla. Como una suerte de extraña o desconocida que observa de modo voyeurista todo lo que ocurre en casa de vecinos patriarcales y relata sin tapujos con la toda tranquilidad que otorga el sentido de la no pertenencia y el no sentirse parte de un universo aberrante.