El uso de tampones es solo para mujeres indecentes

La importancia del verbo “despotricar” dentro de la idiosincrasia de la familia Rosada. Esta vez, desde la perspectiva de Rosalinda, la más destacada del clan en lo que refiere a las artes del despotrique, de ocultar, tergiversar o desconocer situaciones que ella misma genera.

Si el clan familiar de Doña Rosada tuviera un escudo de guerra o un estandarte, seguramente haría referencia al acto de despotricar. La palabra despotricar, personalmente me encanta, notarán que soy capaz de inventar conjugaciones y modos de uso inexistentes, con tal de utilizarla en cualquier oración que hable sobre actos insensatos. Según la Real Academia Española, despotricar significa: Hablar sin consideración ni reparo, generalmente criticando a los demás. En el caso de la familia Rosada “los demás” serían: los demás miembros de la familia.

La protagonista de esta historia, también es hija de Doña Rosada, por ende hermana de Patita y Alicia; por consecuencia, víctima de alguna de las tantas charlas despotricantes que cualquier integrante de esta familia mantiene a diario, bajo los acostumbrados códigos de unilateralidad que comenté en la entrega anterior.

Esta integrante de la familia Rosada, es una de las mas ávidas despotricadoras que se hayan visto en toda la historia del País de las maravillas.

Personalmente doy fe que en este lugar, despotricar es el deporte nacional y se han visto excelentes ejemplares que han dado la vuelta al mundo ganando todo tipo de reconocimientos internacionales. Si algo hay que reconocer del País de las maravillas, es que sus habitantes, son seres muy destacables en todo lo que hacen. Aún sin proponérselo, obtienen logros que la mayoría de las personas no obtendrían así dediquen una o más vidas enteras de sacrificio por cumplir ese objetivo.

Esta integrante del clan, tenía el orgullo de llevar como nombre el seudónimo de la familia pero convertido en más bonito: Rosalinda. Como buena hija de Doña Rosada, cumplía al pie de la letra con todas las características inquebrantables del clan familiar: seguir las tradiciones del 1900 y destacarse en el arte de despotricar. Rosalinda tenía dos características diferenciales: era la única de sus hermanas que nunca había cometido ni el más mínimo error en su vida y era la integrante de la familia que más títulos tenía en las competencias de despotricar. Era siete veces campeona nacional de despotrique, y en dos ocasiones, viajo al exterior a competir por el título iberoamericano; y vaya que lo defendió, llevando la honra de su familia a lo más alto del podio!

Rosalinda tiene dos vástagas que en cuanto tuvieron la edad de seguir su ejemplo, se apuntaron en academias de enseñanza bien conocidas por su arte en la despotricación. Al comenzar las clases, ambas se dieron cuenta, que el nivel de excelencia que ya traían desde la cuna, era muy superior a todo lo que podrían aprender allí. Por ese motivo, no tardaron en orientar su camino profesional hacia un desafío muy superior: desarrollar estrategias que combatan al arte de despotricar tal como existe y convertirlo en un modo de oratoria que tenga sustento ideológico, coherencia y sensatez. Aquí un ejemplo de lo que comentaba más arriba: las personas nacidas en el País de las maravillas suelen emprender riesgos y proponerse objetivos innecesarios, tal como han demostrado en esta y otras ocasiones las vástagas de Rosalinda, quienes hasta el momento siguen en su cruzada por boicotear al despotrique, cada vez con más pausas y menos prisas.

Una de las frustraciones actuales más grandes de la gran Rosalinda, no se emparenta con los antiguos recelos de la infancia que tienen sustento y prioridad en las competencias de despotrique a las que todavía asiste. Sino que se relaciona con la frustración de saber con certeza, que desde el fruto de su vientre hayan nacido dos seres que dedican su vida a combatir el arte del despotrique, la insensatez y últimamente, la mayor de las vástagas, se ha sumado a las cruzadas por erradicar las lógicas sin pies ni cabeza que reinan en el País de las maravillas desde el año 1900. Sobre todo aquellas lógicas que implican seres provenientes del reino animal condenados al sufrimiento o a destinos de vida poco satisfactorios debido a las antiguas tradiciones.

Doloroso es para Rosalinda, aceptar la negativa hacia el uso del arte del despotrique por parte de sus vástagas; o al menos es lo que ella cree. Demostrado está que las conductas adquiridas en edad muy temprana perduran en las personas de forma inconsciente y afloran en momentos inesperados. Como el quehacer del despotrique no puede ser la excepción, las vástagas de Rosalinda aún lo practican, aunque de forma clandestina y con poca frecuencia. Ambas son muy conscientes que si se tienta a las adicciones superadas; en menos de lo que canta una gallina te conviertes en una persona adicta de nuevo.

Uno de los efectos colaterales que se producen en las personas que abusan del arte del despotrique, es que se desarrolla un velo ensordecedor y enceguecedor, a partir del cual se genera un rebote de las propias palabras hacia el interior de la persona, creando un relato que se retroalimenta permanentemente y desemboca en una realidad propia que en casos extremos, lleva a la persona adicta a vivir en una realidad paralela e inconexa, donde se convierte en imposible la incorporación de nuevos conceptos o realidades.

Aquella mañana de diciembre Rosalinda decidió ejercer una de las conductas habituales del País de las maravillas consensuada en el 1900 como correcta y necesaria: revisar las pertenencias de su entorno. Hacía ya tiempo que Rosalinda no vivía bajo el mismo techo que sus vástagas y su abstinencia a requisar pertenencias ajenas era bastante elevada, por lo cual, aprovecho el descuido de una de ellas durante una de las visitas para bigotear en su maleta.

La vástaga pequeña ya hacía tiempo que había huido del País de las maravillas y había olvidado por completo el acto legal que incluía no solo la tradicional requisa, sino que también existía un posterior interrogatorio. También había olvidado que allí, los tampones son objetos prohibidos, ya que no son relacionados con la higiene femenina contemporánea, sino con conductas impuras referentes a la promiscuidad. La vástaga pequeña que en ese momento tenía estaba por cumplir 26 años, fue sometida a un tribunal comunitario en donde fue acusada, enjuiciada y sentenciada como culpable. La condena fue elaborada por el tribunal defensor de las tradiciones del 1900 y el veredicto consistió en comprometerse a no fomentar el uso de tampones entre las habitantes del País de las maravillas que aún desconocían al prohibido y promiscuo invento. Quienes lean se preguntarán por que no la designaron al  destierro siendo tan rígidas las normas del País de las maravillas, aprovecho para comentar que la mencionada práctica no está permitida y paso a desarrollar los motivos. Cuando en el 1900 se establecieron las normas de convivencia, se determinó que el mayor acto de patriotismo consistía en mantener siempre vivo el arte del despotrique y  el destierro anularía la posibilidad de mantener contacto con familiares a los que despotricar. Desde aquel entonces se estableció como sacrilegio este y cualquier acto que contribuya a terminar de forma abrupta y perpetua la posibilidad de obtener noticias frescas de personas consideradas por las leyes del 1900 como descarriadas.

Muchos años después se registraron nuevos actos de bigoteo mientras Rosalinda realizaba una visita a su pequeña vástaga. Hasta el momento no hay pruebas fehacientes, ya que no hubo un posterior interrogatorio. Pero la vástaga, afirma que el bigoteo es tan parte de la familia Rosada como el acto de despotricar y deduce que al encontrarse ambas fuera del País de las maravillas, Rosalinda sabía sobre la falta de honradez de su conducta. Era muy hábil para distraer la atención frente a sus prácticas mal habidas, tanto ella como sus hermanas conocían a la perfección sobre el arte de ocultar, tergiversar o desconocer situaciones que ellas mismas habían generado.

Las suposiciones de la vástaga fueron confirmadas cuando meses después de la visita cayó en la cuenta que por esos tiempos, había un objeto transparente y en forma de copa, probablemente no identificado por los conservadores habitantes del País de las maravillas. Al no poder realizar el acostumbrado interrogatorio, la vasta elucubró que Rosalinda había decidido ir más allá: sustraer el extraño elemento y hacerlo desaparecer. El día que se despertó con ese pensamiento y cerró el expediente sobre el caso de la copa menstrual desaparecida, rondó por su cabeza un pensamiento que recordaba desde pequeña y que nunca había terminado muy bien de entender. Era una expresión que algunos habitantes del País de las maravillas utilizaban para referirse a muchas de las conductas que realizaba la familia Rosada:

-Deja, si hablar con esta gente es como tirar mierda al río.