La señora que solía ir desnuda por casas prestadas

La señora que solía ir desnuda por casas prestadas

Desde la perspectiva de Alicia y su nudismo, se narra la historia de la integrante más transgresora del clan. Todo ocurre en presencia de su hermana Patita, la más moralista de la Familia Rosada.

Esta historia comienza en el País de las maravillas hace casi cuarenta años, cuando por primera vez se obtuvieron pruebas empíricas de la existencia del síndrome de la desnudez. La portadora tenía menos de treinta años, era una señora casada, blanca, europea y aparentemente dueña de conductas heteronormales.

La señora que solía ir desnuda por casas prestadas nació allí mismo, en ese país llamado “de las maravillas”. Las cosas nunca fueron demasiado perfectas allí, y por ese motivo, Alicia había huido de ese País, hacía ya muchos años.

Las reglas establecidas permiten huir del País de las maravillas y no hay ningún tipo de restricción que explicite la imposibilidad de volver todas las veces que se desee, ya sea de visita o para quedarse. Estancias por compromisos, defunciones, vacaciones largas, cortas, temporales o definitivas son igual de bien aceptadas, siempre y cuando se continúen al pie de la letra, todas las costumbres vigentes.

Particularmente Alicia, solo volvía cuando su instinto le exigía revivir en su hábitat de nacimiento, todas aquellas aventuras sin pies ni cabeza que se suceden por aquellas tierras día tras día. Los motivos de aquellos fenómenos kármicos, exceden esta historia, pero anticipo que, a pesar de mis constantes investigaciones, aún son inexplicables.

Las normas establecidas por alguien (que no sea sabe ni cuando fue, ni cuanto de cordura tenía) son inquebrantables, y nadie tiene potestad para cambiarlas o introducir otras nuevas. Los ciudadanos del País de las maravillas son gente muy leal a sus gobernantes, a sus antecesores y al status quo tradicional del año 1900. La idiosincrasia del País de las maravillas se compone fundamentalmente de seres igual de obedientes a la norma, como de irreverentes al momento de expresarse si algún o alguna forastera manifiesta otras ideas, (sean o no) opuestas o inconexas a las existentes. Aquí esta terminantemente prohibido complementar ideas, conductas, costumbres y/o formas de ver el mundo.

Aquella visita Alicia, su vástago y su marido, se alojaron en la casa de su hermana Patita, la más determinante de la familia en las cuestiones relacionadas al status quo. La primera noche cenaron y se rieron del resto de los hermanos y hermanas que no estaban presentes, cuestionaron todas y cada una de las personas de la familia, discutieron por algún antiguo recelo y luego se fueron a dormir.

Patita y Alicia eran dos de las muchas hijas e hijos de Doña Rosada. Una mujer con firmes e inquebrantables condiciones que marcó, marca y marcará el camino de toda su descendencia. Un camino recto y predeterminado en el que no existen los atajos ni los desvíos. Un gran clan de seres con manías y terquedades idénticas e irreversibles, que han aprendido al pie de la letra, sobre el quehacer del despotrique. Una tradición milenaria que Doña Rosada dominó desde muy joven, en su prolifero hogar de la infancia en donde también, abundaban los hermanos y las hermanas.

Cuando Patita se levanto a la mañana siguiente, se encontró al clan familiar de  Alicia desayunando, todos sin ropas, alrededor de la mesa de la cocina. Alicia manifestó que esa era su conducta normal, que su familia tenía prácticas nudistas y que no encontraba nada de malo en ejercer el nudismo en cualquier espacio que a ella la albergue. Esa mañana, Patita descubrió que la libertad de cada persona de ejercer el nudismo la sacaba de quicio, ya sea en la cocina de su propia casa o en cualquier espacio público. Acusó al clan familiar de su hermana como asqueroso y totalmente desubicado; agravado por el ejercicio de la práctica nudista en forma colectiva y con presencia de un menor, que probablemente luego de adquirir semejantes conductas a temprana edad, de mayor sufrirá inversiones, promiscuidades o actos libertinos en lo que a su conducta sexual se refiera.

Este acto impuro de Alicia y su familia, que iba en contra de la moral y las buenas costumbres del año 1900, fue recibido con tanta repugnancia por parte de Patita, que le pidió a su hermana impúdica (luego de vestirse) se vaya a pasar el resto de su estadía en casa de otro pariente.

Durante muchos años Patita se encargo de mantener vivo este suceso, comentándolo sin descanso cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo. Pasaron muchos años para que Patita decida volver a interactuar con su hermana Alicia, aunque eso le implique abstenerse de tener como cómplice a una de las más feroces de las despotricadoras del clan.

Esta vez la casa de Patita era grande, bonita y tenía piscina. La noche en que llegó Alicia de visita, declarando abiertamente su abandono hacia las conductas religiosas tradicionales del País de las maravillas, Patita respiro profundamente y pensó hacia sus adentros, que al fin de cuentas, no quería comenzar con mal pie la reconciliación con su hermana. Para no perder la costumbre familiar, cenaron y despotricaron contra resto de los hermanos y hermanas que no estaban presentes. Cuestionaron todas y cada una de las personas que integraban la familia, las vivas, las muertas y las que quedaban por nacer. Habían pasado casi veinte años desde esa última mañana en se vieron y habían muchos integrantes nuevos a los cuales despotricar.

Esa noche hicieron foco fundamentalmente en la desastrosa vida de los sobrinos y sobrinas que tenían en común. Para ambas fue un momento épico: por primera vez despotricaban juntas sobre las nefastas formas de crianza que eligieron sus hermanas para su descendencia. Luego hicieron el acostumbrado repaso de criticar a sus cuñados, discutieron otra vez por aquel antiguo recelo que viene desde la infancia y luego se fueron a dormir.

Al día siguiente era domingo, y Patita tenía varios invitados que asistieron a disfrutar de una tarde de piscina. Todo se desarrollaba dentro del status quo correcto, invitados e invitadas escuchaban con atención las aventuras de Alicia fuera del País de las maravillas. Rieron a carcajadas en muchos momentos de la tarde, hasta que de pronto Alicia comenzó a desnudarse. Se disponía a tomar un chapuzón más que merecido, luego de amenizar la tarde de los invitados de Patita, donde no faltaron aquellas anécdotas que solían rondar la promiscuidad y se ubicaban bastante alejadas del status quo inquebrantable del País de las maravillas.

Patita recuerda como eterno el momento en que Alicia caminaba completamente desnuda entre los invitados rumbo a la piscina. El esposo de Patita me dijo alguna vez, que tanto él, como el resto de los hombres hetero cis presentes aquella tarde, se taparon los ojos para no cargar con la vergüenza de observar el cuerpo desnudo de una mujer que no es la cónyuge propia. Nunca me dedique a corroborar si la historia es cierta o está exagerada, aunque bien es sabido por quienes alguna vez estuvimos en el País de las maravillas, que las historias de Patita siempre llevan más que un plus.

Habrían pasado diez años desde las últimas noticias que tuve sobre el síndrome de la desnudez que sufrió Alicia en casa de Patita y frente a todos sus invitados. Aquel verano en el que me encontré con Alicia hacía mucho calor, fue en casa de una de sus amigas, que la dejó al cuidado de su hogar, durante su ausencia por vacaciones. No teníamos piscina, pero la casa era muy bonita y tenía un inmenso jardín que incluía un huerto y en palabras de Alicia, “un vecino muy amable que tenía dos gallinas y todas las mañanas le regalaba sus huevos”.

Esa noche la cena incluyó pinceladas del acostumbrado despotrique, igual de chabacano y absurdo que él sancionado como constitucional en el año 1900.

A la mañana siguiente salí al jardín, Alicia tomaba el sol completamente desnuda tumbada en la hierba. Al otro lado del bajo cerco de ligustrinas se encontraba el vecino conversándole, con los huevos en la mano. Yo caminaba con el mate en la mano rumbo a la mesa del jardín, cuando Alicia se puso de pie muy animada y me dijo: “Sírvele un vinito al vecino!” Mientras se acercaba haciendo ademanes le decía “Pase, pase vecino que le presento a mi sobrina”, mientras tanto yo apoyaba el termo y el mate sobre la mesa, el señor miraba mis objetos de desayuno con recelo, como si tuviera un arma nuclear a punto de estallar. Allí pasamos la mañana bajo el sol del verano: Alicia que hacia nudismo, yo que tomaba mate y el vecino que bebía un vinito sin soltar sus huevos.

El mes pasado, Patita volvió a llamarme muy preocupada por una nueva visita de Alicia al País de las maravillas. Como es costumbre en el Clan Rosado, las comunicaciones sean presenciales o virtuales se desarrollan de forma unilateral y esta llamada de Patita no fue la excepción. Comentó sobre los sucesos sin pies ni cabeza provocados por Alicia en ese nuevo viaje. También cuestionó las decisiones personales de todas y cada una de las personas de la familia (aunque pasen los años, sobrinos y sobrinas seguimos siendo sus predilectos al momento de despotricar). A veces me pregunto si las conversaciones unilaterales de la familia Rosada, siguen sucediendo por una vigente pertenencia hacia el status quo; como efecto colateral de los recelos de la infancia o si lo hacen simplemente por costumbre. Puede que a alguien se le haya ocurrido esta práctica allá por el 1900, con la intensión de sembrar discordia y dividir para gobernar. Evidentemente el ser humano que se encargó de establecer como tradición aquella conducta, no había leído a José Hernández. Esta vez permanecí al otro lado del teléfono en silencio, no quise manifestar ninguna otra idea ni opuesta ni inconexa a las permitidas por la tradición. No preste demasiada atención al relato de Patita ni ese día ni los que siguieron…solo recuerdo una frase suelta en relación a alguien, pero no puedo afirmar a quien se refería. Teniendo en cuenta el acostumbrado tono acusador y despectivo que utiliza la tía Patita para referirse a la gente, probablemente repetía las palabras de alguien que alguna vez dijo algo, pero sin ella estar presente:

Y entonces le dijo: “…de todos los tipos con los que me acosté eres el peor, y mira que me acosté con muchos”

Mientras la conversación unilateral continuaba gracias a mi obediente y leal silencio, la tía Patita, desplegó hasta el último segundo de la conversación unilateral, el amenazante y totalitario estilo comunicacional de la familia Rosada:

“…y esto me lo contó un informante, ya sabes que yo me entero de todo.”