Las posibilidades de tener una discusión unilateral también existen

Las posibilidades de tener una discusión unilateral también existen

Hábitos y ritos del País de las Maravillas a partir de resultados empíricos obtenidos en la última celebración familiar del clan Rosado: quienes asisten suelen tener tanta importancia como aquellos que no son invitados (o que son invitados pero no asisten).

 

Todas las personas en el País de las maravillas saben que el Clan Rosado es muy ávido para acrecentar el linaje de seres que portan un gen con capacidades destacables en las artes unilaterales de la discusión y el despotrique. Dicho gen, fue identificado por antiguos pobladores del año 1900 como “el gen Rosado” y es de público conocimiento su responsabilidad en la atracción que sienten sus portadores y portadoras hacia lo bizarro.

En la entrega anterior, introduje tímidamente sobre la predisposición que tiene el clan hacia las discusiones unilaterales. Notarán quienes leen, lo contradictorio del término ya que una discusión de por sí, implica a más de una persona que haga de interlocutora, por ello repito: en el País de las maravillas y fundamentalmente dentro de este peculiar clan, no existen ni los pies, ni las cabezas, ni la sensatez.

Desde la premisa de concebir las discusiones unilaterales como un síntoma que aflora por el indebido abuso en el arte del despotrique, comentaré sobre cierta hipótesis que se obtuvo en las últimas investigaciones de campo: cuanto más se perfecciona una persona en el arte del despotrique, más se pierde la capacidad intrínseca de sostener una discusión unilateral. Aparentemente, la abundancia de una de estas capacidades, implicaría tener carencia de la otra y todos los integrantes de la familia Rosada oscilan entre ambas, desarrollando la capacidad de inclinarse hacia el despotrique en algunas temporadas y en otras, hacia la discusión unilateral. Dentro de la cultura popular del País de las Maravillas, corren como reguero de pólvora las famosas excepciones, en las que integrantes del clan han llevado al extremo ambas capacidades en simultáneo, particularmente Patita y Rosalinda, que cuentan en su haber con momentos de brillante lucidez.

En las investigaciones realizadas durante la última boda que se celebró en el clan, se pudo comprobar empíricamente como se potencian los campos energéticos de la discusión unilateral y el despotrique cuando varias personas portadoras del gen, coexisten en un evento social. Este suceso no ocurre casi nunca, debido a que el clan Rosado, tiene grandes limitaciones para lograr la predisposición de sus integrantes a verse las caras en momentos de felicidad. Por naturaleza prefieren coexistir en contextos conflictivos o penosos, allí es donde se sienten como peces en el agua. Rara vez el clan Rosado prescinde de momentos belicosos, pero si eso ocurre, cada persona que porta el gen tiene capacidad endémica de recordar un antiguo recelo de la infancia y el círculo vuelve a empezar.

Tan importante era la ocasión festiva, que llegaron varias Rosadas desde el exterior, lo cual daba al evento el status de convertirse en uno de los habituales cócteles explosivos en la historia del clan. Ese día estaban casi todas, anhelosas de poder ejercer sus artes del despotrique y la discusión unilateral. Incluso las que no fueron invitadas, siguieron en vivo todo lo ocurrido por redes sociales sin ningún tipo de reparo ni escrúpulos. Chotita, la menor del clan, hace meses realizaba un trabajo de aproximación digital hacia otros integrantes, pero esa misma noche su avidez de pertenecer al despotrique familiar una vez más, tiraron por tierra las pocas posibilidades que le quedaban para demostrarle a las siguientes generaciones, que todos sus años de llamamiento al silencio, habían servido para recapacitar y cortar el círculo endémico. El suceso aportó mucho a las investigaciones y ponía en juego la posibilidad digital de bloquear a otro integrante del clan aunque sea solo en el mundo virtual, y ese acto fue interpretado por las nuevas generaciones como el equivalente al “destierro” de la vida real en el País de las Maravillas, que ya comentamos como prohibido porque impedía recibir noticias que permitan seguir despotricando.

Esto generó una paradoja en las tradiciones inquebrantables del 1900, empezó a suceder que las artes de bigoteo y el despotrique podrían ser causa de destierro en el mundo virtual pero no el real. Hay casos de Rosadas y Rosados que no se dirigen la palabra en el cara a cara, pero si interactúan o bigotean en el mundo virtual; o de forma inversa, mantienen conversaciones unilaterales y comparten artes del despotrique en la vida real, pero en el espacio virtual no se aceptan las solicitudes de amistad. Fundamentalmente por desconocimiento tecnológico, en el País de las Maravillas aún existe un vacío legal frente a ese tema y por primera vez en la historia del clan hay una espacio para el libre albedrío, no por consenso democrático o por imposición del 1900, sino por la dejadez ante lo desconocido, otra característica de los portadores y portadoras del gen.

Así fue como Chotita demostró una vez más su incapacidad de escapar al circulo vicioso, ridículo y despotricador de la familia Rosada. Aprovecho la oportunidad para saludar en estos párrafos a la tía Chotita, seguro es una de las más ávidas lectoras de estas entregas, y no quería demorar más su aparición en la bitácora, no sea cosa que empiece a pensar, que no tenemos en cuenta su pertenencia a la familia. Bien sabido es que es una fiel referente del estandarte familiar y todas las capacidades del gen Rosado que tanto nos enorgullecen.

Como era de esperar, esa noche sucedieron varias discusiones unilaterales y despotriques, casi todos promovidos por la tía Patita, que estaba disconforme porque la pareja nupcial, en un acto de fraternidad con las nuevas generaciones, la designó a una mesa con las rosadas de su generación. Sin embargo, eso no impidió que vaya de una mesa a otra desplegando sus artes y fue gracias a este dato empírico de donde partieron los avances de nuestras investigaciones.

Hay una premisa que sostiene la naturaleza de todas las discusiones unilaterales: cuando alguien que integra el clan Rosado ejerce dicho acto, sostendrá aquel ideal desde ese momento hasta el día después en que se muera, y ocupará todo el tiempo de su vida que sea necesario para transferir esa verdad absoluta, imperiosa y arbitraria a toda la descendencia. Así baje la perra Laika de la luna en motoneta eléctrica, con un moñito en la cabeza para contradecir lo dicho, nadie podrá convencer a alguien que integre el clan Rosado sobre su posible equivocación. Para describir exactamente la sensación que invade el cuerpo de alguien de esta estirpe en el momento de la discusión unilateral, muchos han coincidido que se asemeja a la sensación que tiene un caballo al correr de forma desbocada y con anteojeras para evitar distracciones.

Antes de retirarme del evento fui en busca de los abrigos de animales muertos que vestían esa noche unas cuantas Rosadas. Afuera nevaba y por unos instantes pensé en la mitad de los integrantes del clan que no asistieron, algunos porque no fueron invitados, mientras que otros a pesar de recibir la invitación, se “llamaron al silencio”, otra característica que en un principio encabezaron Chotita y Alicia, pero actualmente casi todo el clan adopta de forma aleatoria y sin demasiados argumentos. También pensé en las personas que forman parte del clan mediante vínculos emocionales fuertes y no llevan el gen Rosado desde el nacimiento, lo cual me llevo a especular sobre la posibilidad que estos seres, con el paso del tiempo y la proximidad, sean capaces de desarrollar poco a poco las disfuncionalidades del gen Rosado.

Un día le pregunte a dos de los señores que hace muchos años pertenecían al clan por vinculación conyugal, si les parecía posible que el gen rosado sea capaz de invadir por osmosis los propios genes y convertiros. Ambos dieron una honda calada a su cigarro antes de contestar y luego de expulsar el humo, me regalaron dignas reflexiones provenientes de dos seres consientes de portar el gen por opción y elección:

Señor 1

– “las razones nunca importan demasiado”.

Señor 2

-El problema de todo esto, es que “creen” que saben exactamente como deberían ser las cosas y como debería comportarse la gente…

El Señor 2 casi nunca sonreía, pero esta vez lo hizo, fumó una vez más y agregó:

-…ni se te ocurra decírselo a tus tías.